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2. Alfred Döblin y Berlín Alexanderplatz:
Sobre el autor:
Nacido en la actual
Polonia, la antigua Stettin del Order, el alemán Döblin pasó del naturalismo
(adscrito con razón por su profesión científica) a la Vanguardia, sobre todo el
expresionismo, siendo junto a Kafka, los mayores exponentes de éste. Era siquiatra,
y tanto en Dos Amigas y un Envenenamiento
como ésta, Berlín Alexanderplatz, la
siquiatría toma un papel importante, así como en La Taberna de Zola: también en un ambiente proletariado, no tan
extrañamente —pues, como constató el francés, la pobreza y su ambiente conducen
a los grandes males de la siquiatría de «la pobreza» como yo la denominaría,
para la contra de la «riqueza» actual, o de la burguesía de la época…
Socialista, cristiano,
judío, anarcófilo… Un «semimaldito» como se dice en la edición de mi Berlín
Alexanderplatz[1]… Un
extraño. Algo así como Baroja en España, pero también vinculado con Europa y
las Vanguardias: desde J. Dos Passos, cuya técnica es muy similar y quizás
imitó. Un innovador. ¿Un pequeño burgués? ¿Un hombre de los locos? ¿Un
traidor?, según dicen algunos. Qué más da…
P.D. Hay una crítica
excepcional en esta página de la obra por si os interesa: http://confiesoqueheleido.blogspot.com.es/2009/04/berlin-alexandeeplatz-alfred-doblin.html.
Sobre la obra:
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| Portada de la edición de Cátedra. |
¿Qué decir si Berlín Alexanderplatz fue uno de los
éxitos de Alfred, convirtiéndose en 1931, año de su publicación, en uno de los
más vendidos, pasando a las “ondas”? La verdad es que la edición que he
utilizado es algo mala: parece que Cátedra, como me pasó con Zola, ha bajado el
listón en sus traducciones. Es verdad que es una obra complicada, y los
detalles que hace que te expliquen mejor la obra son muy buenos; pero, en
cambio, si hay algunos elementos, como el no existir comas donde debería haber,
que podían explicarse por el autor y el uso de técnicas de Vanguardia, hay
otros detalles que no son justificables.
Nuestro protagonista
es Franz Biberkopf, un preso que sale de la prisión tras haber matado a su
pareja, prostituta, tras una paliza estando borracho. —Aquí se desliga la idea
científica de que el alcoholismo es hereditario, idea ampliamente difundida por
el naturalismo zoliano—. El mundo se le pone del revés, por primera vez.
Literalmente. Las voces del autor y del hombre se confunden, así como con el
ruido del tren. Una de las cosas que más me impresionaron cuando lo leí por
primera vez y me dije que tenía que leerlo: por fin lo he hecho…
El pobre desgraciado
consigue un empleo y una chica (polaca ella): es feliz. Vende periódicos
nacionalistas y quizás vinculados al revanchismo alemán; sus antiguos “compañeros”
socialistas le desprecian y se asquea de ellos; y entonces se reúne con “mala
compañía”. Por culpa de ello, tendrá que echar pies por polvorosa y dejar a la
polaca, el trabajo y empezar de nuevo. A su vez, obsesionado por Eva, la
hermana de su pareja, la que asesinó, empezará a verla, pero ella, aun
queriéndole, le dirá que no. A Franz todo le va mal, por ser una cabeza
chorlito, como le llamará su némesis: Reinhold, su amigo y quien le dará la “segunda
caída”.
Es en ese momento cuando
conocerá a su amigo y a su némesis: Reinhold, un sin vergüenza que es
presentado al principio como bueno, pero a la vez un cara dura con las mujeres.
Éste se dedica a estar con una y pasársela a Biberkopf, el que al final decide
quedarse con una de ellas, que será su segunda pareja. Intenta pararle los
pies, pero no lo consigue; pero él se queda con la mujer con la que se ha
deshecho Reinhold y la que aún ama a éste secretamente, casi de una forma
brutalmente dependiente, sadomasoquista. Pero esto no será lo que lo convertirá
en su enemigo, luego un amigo peligroso…, sino que, metido en un atraco, por
ser honesto éste lo tirará de un coche en marcha, lo pillará otro y se quedará
sin brazo, de forma milagrosa… Se convertirá entonces de forma definitiva en un
lumpen en su sentido totalmente
marxiano, aunque antes de ir a la cárcel ya lo hubiera sido; es decir, vuelve a
la “mierda” en la que había estado, al ambiente de decrepitud, y será acogido
por Eva y su pareja, Herbert, el que no se huele que Eva y él mantienen,
mantendrán y mantuvieron una relación hasta el punto que Eva se quedaría
embarazada y luego lo perdería ya al final de la obra. Entonces, Eva, en un
sentido maternalista y romántico también, lo juntará a Mieze, una joven con la
que, por otro lado, también mantiene una relación igual de extraña, “bollera”
insinúa Eva cuando ve que ésta intenta “algo” y se extraña…; y es que Mieze
será la promotora de que ambos tengan un hijo… Eva quiere que sea feliz Franz,
siendo el chulo de ésta…, como con su hermana, pero igual que con ella en su
interior desea estar con él; se forma así, una extrañísima relación, que para
un ambiente enrarecido como éste no es tan raro…
En ésas, Franz vuelve
a ser amigo de Reinhold, de forma amistosa y sin revanchas, extrañamente y lo
que le provoca al segundo su desconfianza y su plan asesino, y se une a la
banda de Pums, en la que había participado en el robo. Se convierte de esta
manera en chulo y ladrón. Ya no es honrado. Y Reinhold, a su vez, va preparando
su ataque, queriéndole destrozar. Un sicópata en toda regla.
Tiempo después, en mitad de la lucha de Franz por su honradez, un día Reinhold, que quiere ser amante de la pareja de Franz para hacerle daño, trama una treta y asesina a Mieze. Nadie la encuentra; pero no es hasta que uno de los que encubrieron el crimen se chiva, cuando todo se desencadena. Franz es detenido por supuesto encubridor pero, loco ahora, en una neurosis tras la cárcel y su infelicidad, sus culpas…, lo llevan al manicomio. Allí, sucede una de las escenas más impactantes, junto a las que preludian su detención: totalmente expresionista, bíblica como en toda la obra se anuncia. La Muerte está cerca; levita; está tan cerca como lo estaría la II Guerra Mundial; denigra todo con su pestilencia en un ambiente “babilónico”; destruye toda “honradez”.
Tiempo después, en mitad de la lucha de Franz por su honradez, un día Reinhold, que quiere ser amante de la pareja de Franz para hacerle daño, trama una treta y asesina a Mieze. Nadie la encuentra; pero no es hasta que uno de los que encubrieron el crimen se chiva, cuando todo se desencadena. Franz es detenido por supuesto encubridor pero, loco ahora, en una neurosis tras la cárcel y su infelicidad, sus culpas…, lo llevan al manicomio. Allí, sucede una de las escenas más impactantes, junto a las que preludian su detención: totalmente expresionista, bíblica como en toda la obra se anuncia. La Muerte está cerca; levita; está tan cerca como lo estaría la II Guerra Mundial; denigra todo con su pestilencia en un ambiente “babilónico”; destruye toda “honradez”.
Después de leer Berlín Alexanderplatz me ha parecido una perfecta unión de los ambientes proletarios zolianos, de la degradación del hombre y su lucha en medio de ésta, unida con el simbolismo heroico de las obras clásicas, y de las técnicas de J. Dos Passos. Una maravilla como su crónica real de Dos Amigas y un Envenenamiento. Recomendable totalmente. Necesaria para quien le interesen, tanto las técnicas vanguardistas, como la novela social.
Ayer, cuando la terminaba, como en muchas de las grandes
novelas que he leído, sentí esa sensación de desesperación y de dejadez ante el
Destino que he leído en otras: Germinal,
Memorias desde el Subsuelo, Luces de Bohemia, La Lucha por la Vida… Esa lucha continua. O esa tragedia final,
aunque ésta vez sin muerte, no como en El
extranjero o El extraño de Camus.
Ese final sin vencedores ni vencidos, como La
Soledad de los Números Primos o Aurora
Roja. Una novela difícil, en el sentido de que, como el Quijote, hay que leerla con pausa y
tiempo, sopesarla, aunque no complicada de leer salvo quizás por traducciones…,
pero impresionante, en tantos sentidos que quizás me quedo corto…


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