5 de julio de 2015

Libros de Cabecera, por Samuel Benito de la Fuente, II:

Libros de Cabecera:

2. Alfred Döblin y Berlín Alexanderplatz:

Sobre el autor:


Nacido en la actual Polonia, la antigua Stettin del Order, el alemán Döblin pasó del naturalismo (adscrito con razón por su profesión científica) a la Vanguardia, sobre todo el expresionismo, siendo junto a Kafka, los mayores exponentes de éste. Era siquiatra, y tanto en Dos Amigas y un Envenenamiento como ésta, Berlín Alexanderplatz, la siquiatría toma un papel importante, así como en La Taberna de Zola: también en un ambiente proletariado, no tan extrañamente —pues, como constató el francés, la pobreza y su ambiente conducen a los grandes males de la siquiatría de «la pobreza» como yo la denominaría, para la contra de la «riqueza» actual, o de la burguesía de la época… 

Socialista, cristiano, judío, anarcófilo… Un «semimaldito» como se dice en la edición de mi Berlín Alexanderplatz[1]… Un extraño. Algo así como Baroja en España, pero también vinculado con Europa y las Vanguardias: desde J. Dos Passos, cuya técnica es muy similar y quizás imitó. Un innovador. ¿Un pequeño burgués? ¿Un hombre de los locos? ¿Un traidor?, según dicen algunos. Qué más da… 

P.D. Hay una crítica excepcional en esta página de la obra por si os interesa: http://confiesoqueheleido.blogspot.com.es/2009/04/berlin-alexandeeplatz-alfred-doblin.html

Sobre la obra:

Portada de la edición de Cátedra.
¿Qué decir si Berlín Alexanderplatz fue uno de los éxitos de Alfred, convirtiéndose en 1931, año de su publicación, en uno de los más vendidos, pasando a las “ondas”? La verdad es que la edición que he utilizado es algo mala: parece que Cátedra, como me pasó con Zola, ha bajado el listón en sus traducciones. Es verdad que es una obra complicada, y los detalles que hace que te expliquen mejor la obra son muy buenos; pero, en cambio, si hay algunos elementos, como el no existir comas donde debería haber, que podían explicarse por el autor y el uso de técnicas de Vanguardia, hay otros detalles que no son justificables. 

Nuestro protagonista es Franz Biberkopf, un preso que sale de la prisión tras haber matado a su pareja, prostituta, tras una paliza estando borracho. —Aquí se desliga la idea científica de que el alcoholismo es hereditario, idea ampliamente difundida por el naturalismo zoliano—. El mundo se le pone del revés, por primera vez. Literalmente. Las voces del autor y del hombre se confunden, así como con el ruido del tren. Una de las cosas que más me impresionaron cuando lo leí por primera vez y me dije que tenía que leerlo: por fin lo he hecho… 

El pobre desgraciado consigue un empleo y una chica (polaca ella): es feliz. Vende periódicos nacionalistas y quizás vinculados al revanchismo alemán; sus antiguos “compañeros” socialistas le desprecian y se asquea de ellos; y entonces se reúne con “mala compañía”. Por culpa de ello, tendrá que echar pies por polvorosa y dejar a la polaca, el trabajo y empezar de nuevo. A su vez, obsesionado por Eva, la hermana de su pareja, la que asesinó, empezará a verla, pero ella, aun queriéndole, le dirá que no. A Franz todo le va mal, por ser una cabeza chorlito, como le llamará su némesis: Reinhold, su amigo y quien le dará la “segunda caída”. 

Es en ese momento cuando conocerá a su amigo y a su némesis: Reinhold, un sin vergüenza que es presentado al principio como bueno, pero a la vez un cara dura con las mujeres. Éste se dedica a estar con una y pasársela a Biberkopf, el que al final decide quedarse con una de ellas, que será su segunda pareja. Intenta pararle los pies, pero no lo consigue; pero él se queda con la mujer con la que se ha deshecho Reinhold y la que aún ama a éste secretamente, casi de una forma brutalmente dependiente, sadomasoquista. Pero esto no será lo que lo convertirá en su enemigo, luego un amigo peligroso…, sino que, metido en un atraco, por ser honesto éste lo tirará de un coche en marcha, lo pillará otro y se quedará sin brazo, de forma milagrosa… Se convertirá entonces de forma definitiva en un lumpen en su sentido totalmente marxiano, aunque antes de ir a la cárcel ya lo hubiera sido; es decir, vuelve a la “mierda” en la que había estado, al ambiente de decrepitud, y será acogido por Eva y su pareja, Herbert, el que no se huele que Eva y él mantienen, mantendrán y mantuvieron una relación hasta el punto que Eva se quedaría embarazada y luego lo perdería ya al final de la obra. Entonces, Eva, en un sentido maternalista y romántico también, lo juntará a Mieze, una joven con la que, por otro lado, también mantiene una relación igual de extraña, “bollera” insinúa Eva cuando ve que ésta intenta “algo” y se extraña…; y es que Mieze será la promotora de que ambos tengan un hijo… Eva quiere que sea feliz Franz, siendo el chulo de ésta…, como con su hermana, pero igual que con ella en su interior desea estar con él; se forma así, una extrañísima relación, que para un ambiente enrarecido como éste no es tan raro… 

En ésas, Franz vuelve a ser amigo de Reinhold, de forma amistosa y sin revanchas, extrañamente y lo que le provoca al segundo su desconfianza y su plan asesino, y se une a la banda de Pums, en la que había participado en el robo. Se convierte de esta manera en chulo y ladrón. Ya no es honrado. Y Reinhold, a su vez, va preparando su ataque, queriéndole destrozar. Un sicópata en toda regla. 

Tiempo después, en mitad de la lucha de Franz por su honradez, un día Reinhold, que quiere ser amante de la pareja de Franz para hacerle daño, trama una treta y asesina a Mieze. Nadie la encuentra; pero no es hasta que uno de los que encubrieron el crimen se chiva, cuando todo se desencadena. Franz es detenido por supuesto encubridor pero, loco ahora, en una neurosis tras la cárcel y su infelicidad, sus culpas…, lo llevan al manicomio. Allí, sucede una de las escenas más impactantes, junto a las que preludian su detención: totalmente expresionista, bíblica como en toda la obra se anuncia. La Muerte está cerca; levita; está  tan cerca como lo estaría la II Guerra Mundial; denigra todo con su pestilencia en un ambiente “babilónico”; destruye toda “honradez”. 

Después de leer Berlín Alexanderplatz me ha parecido una perfecta unión de los ambientes proletarios zolianos, de la degradación del hombre y su lucha en medio de ésta, unida con el simbolismo heroico de las obras clásicas, y de las técnicas de J. Dos Passos. Una maravilla como su crónica real de Dos Amigas y un Envenenamiento. Recomendable totalmente. Necesaria para quien le interesen, tanto las técnicas vanguardistas, como la novela social. 

Ayer, cuando la terminaba, como en muchas de las grandes novelas que he leído, sentí esa sensación de desesperación y de dejadez ante el Destino que he leído en otras: Germinal, Memorias desde el Subsuelo, Luces de Bohemia, La Lucha por la Vida… Esa lucha continua. O esa tragedia final, aunque ésta vez sin muerte, no como en El extranjero o El extraño de Camus. Ese final sin vencedores ni vencidos, como La Soledad de los Números Primos o Aurora Roja. Una novela difícil, en el sentido de que, como el Quijote, hay que leerla con pausa y tiempo, sopesarla, aunque no complicada de leer salvo quizás por traducciones…, pero impresionante, en tantos sentidos que quizás me quedo corto…



[1] Döblin, A., 2013:  Berlín Alexanderplatz. Cátedra. Madrid.